La
Ley Nº 1854
de “Basura Cero” permite
compatibilizar virtuosamente
economía, trabajo y limpieza
ya que ofrece una solución
para la crisis en la que se
encuentran los rellenos
sanitarios, que se agotan y
son muy resistidos por los
vecinos; genera una
actividad económica que
demanda una importante mano
de obra y crea un circuito
de materiales y energía
eficiente y ambientalmente
sustentable.
Si todos los vecinos
contaran con un servicio de
recolección diferenciada de
residuos y campañas de
comunicación que promovieran
la separación en origen, se
podría evitar el
enterramiento de residuos
secos (papel, cartón,
plástico, vidrio, etc.) y
orgánicos. Entre ambos,
secos y húmedos, representan
más del 70% de los residuos
generados en la Ciudad.
Las campañas oficiales (Jugá
Limpio, Ey!) se realizaron
siguiendo el paradigma
higienista. Este aporta
positivas normas de aseo
pero no toca, ni
remotamente, el centro del
problema: la clasificación
en origen, la recolección
diferenciada, la
recuperación y el reciclado.
En definitiva, pone al
ciudadano como único
responsable, cuando en
realidad es el estado el que
debe generar las condiciones
para que actuemos con la
responsabilidad que él nos
reclama.
El problema real continua
siendo ignorado, no visto,
escondido bajo la
superficie, enterrado como
la basura, desatendido como
la ley que busca un ambiente
mas seguro y saludable para
las generaciones que nos
sucedan.
Declaraciones de Lubertino
"A poco de
iniciarse su puesta en práctica (se refiere a la ley de
Basura Cero), se hizo notorio que el gobierno porteño no
mostraba señales claras ni una disposición concreta a
implementar la ley en todo su contenido, ni trabajaba para
cumplir las metas de reducción", destacó Lubertino.
La
presentación del informe se llevó a cabo el miércoles pasado
en el Salón Perón de la Legislatura de la Ciudad de Buenos
Aires.
Carlos Davis
Fuente: Telam - Notas
de archivo propio