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  Escudo de Floresta

Floresta: nombre dado por Ordenanza N° 26.607 B.M. 14.288

El taller donde el arte se contó con la voz de quienes lo vivieron

Visitas al taller de Pujía

02/05/2026 - El arte, la cocina y la memoria se integraron en una experiencia sensorial única en uno de los rincones más entrañables de Floresta, donde Antonio Pujía forjó su legado. El espacio cultural Simple El Atelier abrió sus puertas con un cóctel que reunió a periodistas, artistas y referentes culturales, en una inmersión viva en la obra del célebre escultor ítalo - argentino. La inauguración no fue solo un recorrido por esculturas: fue, ante todo, un encuentro con la memoria. En cada sala, en cada objeto, el pasado se hizo presente a través de la palabra. Aquellos vecinos que deseen participar de las visitas guiadas gratuitas podrán acercarse al taller (Chivilcoy 452) los días martes y jueves de 18 a 20 h.

Su maestra de primaria le dijo a la madre de Antonio cuando este egresó del ciclo: su hijo tiene talento, debería seguir Bellas Artes. Sin embargo el padre tenía otros planes: Antonio estaba llamado a convertirse en un contador serio y respetable, en un profesional de los números con un futuro claro, floreciente, exitoso y predecible.

Por suerte su madre lo anotó casi a escondidas en la escuela Manuel Belgrano. Pujía aprobó el ingreso y de allí en más su destino lo llevó por los caminos que el niño jóven ansió siempre transitar.

A los pocos años Pujía se recibe de Profesor Nacional de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, y de Profesor de Escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova.

Su período de estudios abarca desde 1943 hasta 1954, trabajando durante esos años como ayudante de artistas de gran renombre entre los que mencionaremos a Rogelio Yrurtia.


Fotografía Ada Sacchi

Pujía también ejerció la docencia, teniendo a su cargo las cátedras de escultura, en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes "Prilidiano Puerredón" y "Manuel Belgrano".

Desde el año 1956 y hasta el año 1970 se desempeñó como escultor-escenógrafo del Teatro Colón de Buenos Aires, siendo jefe de su taller de escultura.

Obtiene el Gran Premio del Salón Municipal Manuel Belgrano en 1959, el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Plásticas en 1960, la Bienal Alberto Lagos en 1961 y el Gran Premio del Fondo Nacional de las artes en 1964 entre otras distinciones, realizando más de 50 exposiciones individuales en cuarenta años (entre 1962 y 2001).


Columna de la Vida

En 1970 lo contrata la Art Gallery con la cual estuvo relacionado durante 7 años.

"Empecé a hacer muestras y me fue muy bien. Así pude comprar mi casa de Floresta, tenía intenso trabajo que a veces me abrumaba. Estaba en el Colón, tenía mi taller y hacía muestras anuales en Art Gallery, además de la docencia en Bellas Artes", declaró hace unos años Antonio Pujía a los colegas de Rio Negro On line.

Próximo a los 40 años su vida cambió, decidiendo dejar algunas cosas para dedicarle más tiempo a la actividad creativa, a su rol de escultor.

Antonio posee también una casona taller en la calle Gualeguaychú de más de 200 metros cuadrados poblada por centenares de piezas, grandes y pequeñas, de bronce, plata, oro, madera o mármol.

Su Hogar está cercano a la Plaza Vélez Sarsfield, la misma que luce desde 1983 su obra en mármol "Columna de la Vida".

Pujía, declarado "Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires", uno de los escultores contemporáneos con mayor trayectoria y reconocimiento a nivel nacional e internacional vivió en nuestro barrio, en su Floresta, rodeado por sus afectos y trabajo, casi como cualquiera de nosotros, sin creer demasiado en el éxito que lo acompañó, dejando fluir su pasión creadora, su sensibilidad extrema, y la sencillez innata que lo convirtió en un grande...

Antonio Pujía nació en Polia, Italia, el 11 de Junio de 1929 y falleció en la tarde del sábado 26 de mayo de 2018.

  Sobre las visitas guiadas gratuitas a su taller

El Taller de Antonio Pujía no fue solo el lugar donde nacieron sus obras. Se reveló como el escenario donde aún resuenan las anécdotas, los gestos y la pasión de un maestro que transformó el barrio en su musa.

Quienes recorrieron sus espacios no solo observaron esculturas: escucharon a Sandro Pujía, su hijo, compartir con profunda emoción la intimidad de un padre que trabajaba de sol a sol, fiel a su taller como a un credo. “Vivir este momento me conmueve profundamente. Es, al mismo tiempo, un acto de continuidad y una forma de encuentro. Que su obra vuelva a habitar su lugar de origen no solo preserva una memoria, sino que la proyecta hacia el presente, haciéndola accesible y viva para nuevos públicos”, expresó ante los medios.

A su lado, Pablo Queijas, su último discípulo, revivió las enseñanzas de esas manos ásperas que modelaban cera con la misma ternura con la que corregían un gesto. “Antonio era un enamorado de la vida (en mayúsculas) y enseñaba desde el hacer con pasión. Había una exigencia muy grande, pero también una enorme sensibilidad y amor. Cada corrección era una forma de transmitir una mirada sobre la forma, pero también sobre la vida y la naturaleza”, compartió.

Su testimonio aportó una dimensión viva del maestro, no desde la obra terminada, sino desde el hacer cotidiano, desde la transmisión directa del conocimiento. Porque en ese taller, el legado no se exhibió: se habitó.

Así lo entendió también Bodega Trapiche cuando, en el marco de sus 125 años, convocó al maestro para crear la icónica medalla de su Malbec Trapiche Medalla, una pieza que sintetizó en bronce la misma excelencia que el vino guarda en la botella.

El espacio, recientemente recuperado, volvió a latir con fuerza. La antigua casa de estilo italiano —hoy reconvertida en salas de exhibición, talleres y eventos sociales y comerciales- se consolidó como un punto de cruce entre pasado y presente.

Durante la jornada, la emoción atravesó cada intervención. La palabra de Sandro y de Pablo no solo reconstruyó la figura de Antonio Pujía: la volvió cercana, tangible, profundamente humana.

Hoy, ese mismo espacio late otra vez. Con la memoria viva de Antonio, con las voces que lo sostienen en el tiempo y con la certeza de que el arte más auténtico es, también, el que se sigue contando.

Las visitas guiadas gratuitas, abiertas a la comunidad, se realizan los martes y jueves de 18 a 20 h en Chivilcoy 452, Floresta (CABA)

Fuente: María Laura Escobar - Notas de archivo propio


 
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29 de Agosto
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PERÍMETRO
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