Aunque parezca mentira, los
monumentos de la ciudad
sufren un continuo ataque
vandálico. A veces el hecho
se realiza para robar el
bronce de una placa o de una
porción de estatua, en otras
ocasiones las causas del
daño parecen estar ocultas
en la psiquis del agresor.
Si bien la ciudad cuenta con
un organismo especializado
en la reparación de
monumentos (Monumentos y
Obras de Arte de la Ciudad
-MOA-) este no alcanza a dar
abasto con las 25 obras que
en promedio ingresan a los
talleres de la institución
en busca de arreglo.
"Salvemos a las Estatuas"
Los propios
vecinos se definen con claridad: Somos ciudadanos
comprometidos con el patrimonio del arte público. Las
esculturas, monumentos conmemorativos y elementos
ornamentales comparten con nosotros el día a día de nuestras
vidas, desde las plazas, parques y espacios abiertos y nos
proponemos -como grupo- preocuparnos y ocuparnos por su
estado, cuidado y conservación.
Sentimos un
profundo amor por nuestra historia urbana, nuestra identidad
y por la pluralidad de las manifestaciones artísticas que se
encuentran emplazadas desde el siglo XIX en el espacio
público argentino.
Consideramos
que necesitan una urgente atención, dado el estado de
abandono y olvido que presentan la mayoría de las obras.
Somos un grupo
de personas de diversos ámbitos: tanto profesionales del
tema como simples amantes de lo que estas formas y figuras
significan para la comunidad. Sabemos que forman parte de la
memoria urbana y que mejoran la calidad de vida del
habitante de las ciudades.
Consideramos que:
No hay una
política pública de conservación y restauración del
patrimonio escultórico.
No hay una
política pública de emplazamiento de obras de arte y,
además, las obras se mueven de un espacio a otro de manera
inconsulta y sin tener en cuenta que ya se conformó una red
de relaciones con el entorno y con el espectador, que
constituye un valioso recuerdo que se destruye y pierde sin
razón.
No hay un
catálogo razonado de los monumentos y esculturas emplazadas
y no hay un grado de protección de acuerdo a su autor,
época, materiales y trascendencia de la obra.
No hay un mapa
de riesgo que registre el estado de situación de cada obra.
No hay una
política pública de difusión de lo que es el patrimonio de
todos. No se ama y cuida lo que no se conoce.
En los últimos
años, la mayoría de las obras emplazadas en la ciudad de
Buenos Aires fueron agredidas y las placas de bronce, con
leyendas informativas, sustraídas.
No se ha
reemplazado la señalética perdida, por lo que es habitual
que el ciudadano común desconozca a quien ve o qué ve (si es
una obra no figurativa) desde la ventanilla del colectivo,
cuando transita un espacio verde o descansa en una plaza. El
desconocimiento impide la comunicación.
No existe una
conciencia y valoración patrimonial acerca del acervo
escultórico y ornamental de los espacios abiertos. Se
encuentra desvalorizado y descuidado, sin tener en cuenta a
los artistas que las produjeron, la calidad de los
materiales que se utilizaron y la trascendencia estética,
histórica, cultural, artística, económica y turística de lo
que consideramos además una fuente invalorable para el
estudio de la historia (a través de las imágenes y los
símbolos) que nos relacionan con el poder, los ideales, las
mentalidades, el gusto estético y las costumbres de cada
época.
Parafraseando
a los propios vecinos, "no se cuida lo que no se ama, y no
se ama lo que no se conoce". Quizá una buena forma de
proteger a nuestros monumentos sea dándolos a conocer de
manera masiva a través de paseos guiados que los incluya, de
publicaciones o microprogramas de televisión que los
difunda, y fundamentalmente de una tarea de educación (que
podrá tener resultados a largo plazo) y de reparación y
limpieza inmediata que termine desanimando a los "escritores
de leyendas en aerosol".
Carlos Davis
Fuente: Salvemos las
estatuas (salvemoslasestatuas.blogspot.com.ar)